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domingo, 30 de agosto de 2020

El sector privado en la exploración espacial


La Era espacial inició en el año 1957 con el lanzamiento del Sputnik I por la Unión Soviética, el primer satélite terrestre fabricado por el hombre. Durante todo el siglo XX la exploración espacial no hizo más que desarrollarse, impulsada en sus primeras décadas por la Guerra Fría, donde la rivalidad de las grandes potencias hacía ver en el espacio una de las pistas de la larga carrera en la que se enfrascaron por demostrar su superioridad, especialmente en el ámbito militar. Y el espacio era visto como uno de los “eventuales” frentes de combate. Al menos, ese fue uno de los pocos efectos positivos del armamentismo de entonces.

Luego de la abrupta caída del Muro de Berlín en 1989 junto a toda la Cortina de Hierro, el presupuesto militar se redujo abruptamente en las naciones hegemónicas y, con él, empezaron a escasear los fondos para seguir financiando la carrera espacial.

Es en ese contexto que hace su debut el siglo XXI, con mucha tecnología y experiencia acumulada, pero con pocos recursos; donde el desarrollo de la ciencia y la técnica espacial nos habían permitido explorar a todos los planetas, y sus lunas, del Sistema Solar, incluso un poco más allá. Ante las dificultades financieras atravesadas desde entonces por la NASA y Roscosmos, es así que empresas del sector privado empiezan a dar sus primeros pasos como protagonistas del espacio, ya no como contratistas de piezas y partes.

Las primeras incursiones del sector privado en la exploración espacial

Desde la época de apogeo de las agencias espaciales de Estados Unidos y Unión Soviética, el sector privado ha desempeñado un papel importante en la carrera espacial suministrando bienes y servicios estratégicos.

La sonda Mars Odyssey desarrollada con apoyo de Lockheed Martin

Es el caso de la empresa norteamericana Lockheed Martin, importante contratista de la NASA que ha contribuido en numerosos proyectos, como el telescopio espacial Hubble (1990), la nave espacial orbital Mars Odyssey (2001) o el sistema de satélites geoestacionarios GOES (1974).

Boeing X-37, avión orbital no tripulado

O la empresa Boeing, cuya división de Defensa, Espacio y Seguridad ha participado desde hace décadas en el programa espacial de la NASA, destacándose sus cohetes de la familia Delta, las sondas espaciales Lunar Orbiter y Mariner 10, así como las naves orbitales X-37 y X-40, además de la prometedora nave espacial CST-100 Starliner.

En el caso de los rusos, por razones obvias, antes del colapso de la Unión Soviética toda la exploración espacial estaba en manos del Estado. Es entonces que la Federación Rusa hereda el programa espacial de aquella bajo la entera responsabilidad de Roscosmos y empieza la terciarización de servicios y suministro de equipamiento con empresas privadas.

Hotel espacial diseñado por la empresa rusa Orbital Technologies (cortesía de Inhabitat.com)

Tal es el caso de Orbital Technologies, quienes desde 2010 contribuyen con la construcción de una nueva estación espacial orbital que ofrecerá servicios de hotelería para turistas espaciales; NPO Lavochkin, quienes han aportado significativamente a proyectos como Lunojod, Vega 1 y 2, entre otros; NPO Energomash, que desde 1991 ha construido numerosos motores de cohetes, como el RD-107, RD-170, RD-180 y RD-191 paras las naves Soyuz y Angará, incluso para proyectos de la NASA como Atlas V.

Otras agencias espaciales se han apoyado en contratistas privados, como es el caso de la europea (ESA), quienes han contado con empresas como Airbus, cuya división espacial les ha suplido desde los años 70s los cohetes Ariane, varios modelos de Vehículos Automatizados de Transferencia (ATV) y el módulo de la Estación Espacial Internacional (EEI) llamado Columbus.

Los líderes en el espacio del sector privado

Es a partir del siglo XXI que vemos el surgimiento de diferentes empresas que, de manera independiente a las agencias espaciales estatales (aunque en ocasiones aborden misiones conjuntas o asuman el papel de contratistas entre ellas), ejecutan proyectos espaciales propios, con miras a explotar comercialmente el espacio, ya sea para fines turísticos, ofrecer servicios de outsourcing a las agencias espaciales o incursionar en lo que se vislumbra como el rubro más lucrativo de todos en el futuro cercano: la minería espacial. A esta nueva etapa de la exploración espacial se le llama NewSpace.

Solo el negocio de los satélites ha atraído muchas inversiones. Diversos estudios estiman en 57,000 la cantidad de satélites que habrán orbitando para el 2029 según Business Insider[1], cuando hoy apenas hay alrededor de 2,000.  

Falcon Heavy, cohete reutilizable de SpaceX

Es así como surgen empresas como SpaceX, fundada por Elon Musk en 2002, la cual ya tiene varios hitos logrados con proyectos enteramente diseñados, ejecutados y financiados por iniciativa privada: primer cohete de combustible líquido (Falcon 1 en 2008), primer lanzamiento a órbita y recuperación de nave (Dragon en 2010), primera nave enviada a la EEI (Dragon en 2012), primer aterrizaje propulsado de un cohete orbital (Falcon 9 en 2015), primera reutilización de un cohete orbital (Falcon 9 en 2017) y la primera en enviar astronautas a la EEI (Dragon 2 en 2020).

SpaceX tiene el mérito de ser la empresa que ha diseñado el primer cohete reutilizable del mundo, con lo que se augura la reducción sustancial de los costos de las misiones espaciales. Actualmente trabajan en la versión más potente de su familia de cohetes propulsores, el Falcon Heavy, capaz de llevar unas 64 toneladas de carga útil a la Órbita Terrestre Baja (LEO por sus siglas en inglés) y casi 17 toneladas a Marte. Otros proyectos notables son Starlink, con el que se proponen crear una constelación de 12,000 satélites de internet para ofrecer banda ancha a bajo costo a nivel global, y el Starship, un vehículo de lanzamiento superpersado y reutilizable, que permitirá transportar 150 toneladas y realizar viajes de larga duración. Uno de sus principales objetivos es materializar la colonización del planeta rojo. Actualmente es la empresa líder del sector privado; de un 45% del mercado de lanzamientos en 2017 ha llegado hasta un 65% y actualmente ha lanzado casi tantas toneladas de carga como la suma de todas las demás agencias espaciales del mundo[2].

Aterrizaje del cohete reutilizable New Shepard de la empresa Blue Origin

Blue Origin es otro de los grandes actores privados en la exploración espacial. Fue fundada en el año 2000 por Jeff Bezos, el propietario de Amazon. Se ha concentrado en los vuelos orbitales y suborbitales mediante cohetes reutilizables. Son principales proyectos son New Shepard, cohete de una sola etapa y cápsula, ambos reutilizables; New Glenn, cohete reutilizable con capacidad de enviar seres humanos al espacio; y Blue Moon, es su módulo de aterrizaje con el que apuestan una misión tripulada a la Luna. Bezos había invertido en esta empresa unos US$500 millones hasta el 2014, inversión que se ha multiplicado varias veces desde entonces para sufragar sus proyectos[3].

Lanzamiento realizado por Rocket Lab en su base de Nueva Zelanda


Otra empresa destacable es Rocket Lab, la cual se ha dedicado desde su base en Nueva Zelanda a lanzamientos orbitales ligeros, especialmente los llamados nanosatélites como CubeSats, de menos de 2 kg de peso, reduciendo enormemente los costos de implementación de redes satelitales. Para tener una idea, en 2016 el costo promedio de lanzamiento de un satélite era de US$200 millones, mientras que Rocket Lab ha anunciado que serían US$5 millones el costo promedio con su tecnología.

También la corporación OneWeb, fundada por Greg Wyler en 2012 con sede en el Reino Unido, está trabajando también en su propia constelación de 600 satélites para ofrecer servicio global de internet, los cuales entrarán en operación en 2021.

Nave SpaceShip Two de la compañía Virgin Galactic

También debemos mencionar a Virgin Galactic, fundada en 2004 por Richard Brandson, empresa que se ha concentrado en la realización de vuelos espaciales suborbitales. Hizo historia en 2018 al lograr su primer vuelo comercial suborbital con la nave SpaceShip Two, que alcanzó una altura de 82 km.

Minería espacial

Pero uno de los principales atractivos comerciales de la exploración espacial es la posibilidad de extraer recursos minerales de la Luna, Marte y los asteroides, por su cercanía. Según Planetary Resources, empresa creada en 2010 dedicada exclusivamente al desarrollo de tecnologías robotizadas para la extracción minera en el espacio, ha calculado que un solo asteroide de 30 metros de largo rico en platino vale entre 25 a 50 mil millones de dólares a precio de mercado[4]. Según esa misma empresa, hay cerca de 16,000 asteroides con órbita similar a la Tierra que podrían ser explotados.

La minería espacial será una de las actividades más comunes en el espacio

Según la propia NASA, más de US$100,000 millones por cada habitante de la Tierra es el valor de todos los minerales almacenados en el Cinturón de Asteroides que se encuentran entre Marte y Júpiter[5], donde el oro, platino, tungsteno, hierro, níquel, iridio, paladio, magnesio, rodio, osmio, rutenio y hasta agua pueden ser extraídos. Diversas empresas en todo el mundo se han estado constituyendo para irse preparando en lo que sería el próximo boom económico: Asteroid Mining Corporation (Reino Unido), Aten Engineering y TransAstra Corporation (Estados Unidos), entre otras.

Está el caso del Helio-3, componente químico que es capaz de producir energía nuclear con bajísima radioactividad, pero muy escaso en la Tierra. Se estima que en la Luna hay grandes cantidades en su superficie, por lo que su explotación comercial está en los planes de varias agencias espaciales y empresas privadas.

Explotación mineral en el espacio, ¿quién tiene derecho a hacerlo?

Ahora que hay tantos intereses, públicos y privados, detrás de la exploración espacial, cobra mayor importancia saber cuál es el estatus del ordenamiento jurídico que regula dicha práctica, antes de que se puedan desencadenar conflictos por la exploración, colonización y explotación minera en el espacio.

Es por tal razón que ha surgido una rama jurídica denominada “derecho espacial” que actualmente está regulada por la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior (UNOOSA).

Según la UNOOSA[6], los principales tratados internacionales vigentes con respecto a este tema, son los siguientes:

  • Tratado del Espacio Exterior (1967): Básicamente establece que la órbita terrestre, la Luna ni ningún otro cuerpo celeste pueden ser utilizados para realización de pruebas de armas nucleares o de destrucción masiva, ni pueden ser reclamados como territorio soberano. Ha sido ratificado por 104 naciones.
  • Tratado de Rescate (1968): Establece el compromiso de los estados firmantes en participar, en la medida de sus posibilidades, en misiones de rescate de astronautas, tanto en el espacio exterior como en su aterrizaje. Ratificado por 94 países.
  • Tratado de la Luna (1979): Es un acuerdo que regula las actividades en todos los cuerpos celestes, incluyendo la Luna. Ratifica lo dispuesto por el tratado de 1967 sobre la no reclamación de soberanía o propiedad sobre territorios extraterrestres y que no pueden ser explotados sin la aprobación y beneficio de todos los países firmantes. Ha sido ratificado solamente por 16 países, sin ser ninguno de ellos potencias espaciales (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, Japón, India o China).

También en 1976 fue firmado un acuerdo de cooperación para la cooperación y uso del espacio exterior para fines pacíficos, promovido entonces por la Unión Soviética, pero solamente fue firmado por 10 naciones del bloque comunista.

Por tanto, el tema de la explotación minera de la Luna y otros cuerpos celestes, parece que podría desencadenar algunos diferendos en el futuro cercano. De hecho, ya Estados Unidos emitió este 2020 una orden ejecutiva en la que enfatiza que no “ven el espacio exterior como una propiedad común”, justifica la explotación comercial de los recursos extraterrestres y etiqueta al Tratado de la Luna como un acuerdo fallido[7]. Estas intenciones de la potencia norteamericana han sido rechazadas por Rusia[8].

Acto de oficialización de la Fuerza Espacial en la Casa Blanca

Esta medida unilateral de Estados Unidos fue tomada inmediatamente después de la creación de la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, a finales del 2019, con 16,000 efectivos, para “proteger intereses de Estados Unidos y sus aliados en el espacio y proveer capacidades espaciales a la fuerza conjunta”[9]. Es la primera en su tipo y definitivamente confirma las intenciones de norteamericanas de no considerar al espacio como un “patrimonio común” de la humanidad.

Lo que sí es un hecho es que, en la medida en que se acerque el momento de materializar la posibilidad de explotar recursos naturales en el espacio, será necesaria la intervención de la ONU para poner orden en este aspecto, ya que podría desencadenarse conflictos en el orden militar, cada cual protegiendo lo que entiende son sus derechos “adquiridos”.

El espacio se ha convertido, gracias a las conquistas logradas durante la Guerra Fría y ahora con la incursión enérgica y militante del sector privado, en un mercado con un potencial “astronómico” (literalmente hablando), que sin dudas hará expandir el desarrollo industrial y tecnológico de la raza humana. Habrá de ampliar las alternativas futuras que tenemos como especie, para expandirnos más allá de nuestra órbita e ir sondeando lo que hasta hoy ha sido un Universo inescrutable.

Mas, sin embargo, debemos estar atentos a un nuevo posible frente de conflicto, para el cual estamos a tiempo para coordinar, consensuar y colaborar. Que la exploración espacial y sus potenciales riquezas no sean mañana lo que los pozos petroleros han sido desde el siglo pasado: fuente inagotable de conflictos.

Ahí están las lecciones, solo debemos aprender de ellas.

www.reysonl.blogspot.com

 

 Nota: Fotos cortesía de Wikipedia, salvo donde indique otra cosa

 

 



sábado, 28 de febrero de 2015

¿Qué pasaría si…descubrimos vida inteligente en otros planetas?


Es una pregunta que ha seducido a más de uno desde hace décadas, y en particular a mí.  En un artículo anterior analizamos la posibilidad matemática de que exista vida en otros planetas.  En este imaginamos cómo nos impactaría esa primera plana de todos los periódicos del mundo. El día que descubramos y comprobemos que existe vida inteligente más allá del planeta Tierra, el impacto de la noticia sería inmenso en diversos órdenes, que marcaría un antes y un después en prácticamente todas las culturas, y no solamente en el aspecto religioso, que sería el más sacudido, por supuesto.  La mayoría de los escenarios que aquí planteamos es sobre la base de que encontremos una especie inteligente con un desarrollo inferior al alcanzado por la civilización humana, porque en el remoto caso de ser al revés, en la mayoría de los casos no podríamos llegar a dar el siguiente paso.
Caos teológico
Para las religiones, prácticamente todas, sería el equivalente a una bomba atómica que destrozaría en pedazos todas sus teorías cosmogónicas (sobre el origen del Universo) y de paso las antropogónicas (sobre el origen del hombre).  Ya pierde sentido la teoría geocéntrica de las religiones (aunque Copérnico demostró hace más de 500 años la teoría heliocéntrica a nivel astronómico, a nivel religioso la Tierra sigue siendo supuestamente el lugar escogido por Dios en el Universo para crear al hombre en el paraíso original y el terreno donde diariamente se desata la batalla entre el “bien” y el “mal”).  Y si por cuestiones del azar la nueva especie descubierta resulta ser más desarrollada e inteligente que el “homo sapiens”, todavía más en entredicho los postulados teológicos con los que las iglesias tienen adormecidas las masas desde hace miles de años.  Y si resulta que “ellos” son físicamente muy diferentes a nosotros, se derrumba también aquello de que somos creados a su “imagen y semejanza”, ya que, o una de las dos especies fue esculpida en base al modelo divino (y la otra no), o simplemente ninguna de las dos se parecen a ese Dios que nadie ha visto.  Una difícil conclusión.  Y si “ellos” tienen códigos morales totalmente divorciados de los que imperan en nuestro planeta, entonces nuestros decálogos o mandamientos dejarían de tener el carácter “universal” que tenían cuando fueron promulgados.  

En definitiva, nuestras religiones pasarían a ser simples costumbres locales y dejarían de tener carácter holístico.  Sin lugar a dudas, empezará a reinar la confusión, los teólogos tratarán de buscar explicaciones y justificaciones, inventarán nuevas interpretaciones de sus libros sagrados, pero obviamente quedarán cortos ante tan fulminante realidad.  La “verdad” tendrá un nuevo sentido, ya no estará tan claro dónde estará realmente el cielo y el infierno, todo dependerá de en cuál de los planetas se vive mejor o peor, de dónde imperará más la paz o la guerra, o donde sus habitantes vivirán con menos desigualdad.  De repente, podríamos descubrir que nosotros somos los que estamos condenados al Averno y el verdadero paraíso está en el vecindario de la galaxia de al lado; como también podría resultar que somos nosotros los civilizados y que ellos son unos salvajes que han llevado a su propio mundo a la decadencia y todavía más cerca que nosotros de la autodestrucción.


Amenaza biológica
Encontrar vida en otros planetas, aun sea solamente a nivel microorgánico, supone una gran amenaza biológica. La razón?  Sencillo, los anticuerpos y defensas de los seres pluricelulares de nuestro planeta están más o menos preparados para los ataques bacteriológicos y virológicos que ya conocemos y con los que están lidiando desde hace millones de años.  Una exposición de seres humanos a un ambiente exobiológico (vida en otros planetas), representaría una seria amenaza para el sistema inmunológico humano (y de las demás especies terrícolas), en forma de peste o pandemia.  

Por supuesto, esto se puede amortiguar con el establecimiento de colonias de investigadores (sea en los planetas descubiertos, sea en estaciones espaciales instaladas para tales fines), para que identifiquen y cataloguen todas las formas de vida microbiana que permitan desarrollar las vacunas o tratamientos adecuados para evitar pandemias antes de que empiece el intercambio a gran escala entre ambos planetas.  Por supuesto, que esto debe incluir pruebas de laboratorio a ejemplares de la nueva especie inteligente, lo cual solo sería posible si fuesen inferiores a nosotros, ya que en caso contrario, la tarea sería un tanto más cuesta arriba, ya que seguramente seríamos nosotros sus conejillos de indias.


Oportunidad de nuevas colonias humanas
Encontrar vida en otros planetas, especialmente si son formas complejas de vida, significa que habremos encontrado planetas con condiciones para albergar vida en sentido práctico. Lo cual implicaría que con poca adaptación (a los niveles de composición atmosférica, a la gravedad, a los niveles de temperatura reinantes, a las condiciones climatológicas imperantes, etc.) podríamos plantearnos la posibilidad de iniciar colonias humanas como alternativa a la superpoblación que está empezando a afectar nuestro planeta, donde los recursos naturales y la capacidad de producción de la tierra cada día está mermando y el irresponsable crecimiento poblacional parece no detenerse (la mayoría de las religiones humanas promueven la procreación no planificada porque “los hijos son un regalo de Dios” y nacen con “el pan debajo del brazo”).

Dilema ético y desafío jurídico
Imaginemos una misión espacial internacional del planeta Tierra descubriendo un nuevo planeta, lleno de vida y con una versión propia de vida inteligente, pero que todavía se encuentra en un nivel equivalente a lo que aquí denominamos “Edad de Piedra”.  Estos seres son superiores al resto de las especies biológicas encontradas, pero todavía utilizan herramientas rústicas para la caza, agricultura y las labores domésticas.

Ese encuentro entre dos mundos sería el equivalente al de los españoles y los indígenas americanos o al de los ingleses y los aborígenes australianos.  Inevitablemente, estos seres inteligentes aparentemente “inferiores” resistirán la invasión y posterior colonización de su hábitat natural, y los seres humanos no se detendrán en su afán de tomar para sí los nuevos territorios y las riquezas recién descubiertas.  Posiblemente a alguien se le ocurra que estos seres podrían ser esclavizados para realizar trabajos forzados o peligrosos, ya sea en su planeta o en la Tierra.

Necesariamente sobrevendrá el dilema ético de si “ellos” merecen o no el tratamiento de seres humanos y, por tanto, si tienen o no derechos “humanos” que deban ser respetados.  Esto traerá como resultado que toda la compleja legislación acumulada por nosotros, incluyendo el famoso “Derecho Internacional”, no tiene alcance o “jurisprudencia” a nivel extraplanetario y no sabríamos qué sería lo correcto, al menos legalmente.  Algo muy parecido ocurrió en las Indias Occidentales cuando la Corona de España reconoció que los indígenas tenían derechos, pero décadas después de haber asesinado, violado y enfermado a millones de personas “inferiores”.


Impacto cultural
Saber que existe otra especie inteligente, generará toda una nueva ola cultural, literaria, artística y social identificada con la causa de los nuevos oprimidos.  Viajar al nuevo planeta, participar en las expediciones a las colonias y hasta tener su propia “villa” en el espacio, estará reservado para una clase exclusiva a cuyo club se podrá pertenecer por la capacidad económica o intelectual que se tenga.  Muy probablemente en la propia Tierra esto genere otro tipo de desigualdad y de proscripción:  Aquellos que nunca tendrán el chance de alcanzar las estrellas.  Tendrán que conformarse con lo que los anuncios, libros, revistas, canciones, películas y medios de comunicación les dejen saber sobre lo que pasa y cómo se vive allá afuera.

¿Nos conviene encontrar vida inteligente?
Aunque aparentemente el panorama luce sombrío, el destino de los seres humanos es buscar permanentemente la verdad y sus causas.  Estamos hechos del polvo de las estrellas y nuestra naturaleza nos impulsará a volver hacia ellas.  Como el Universo nos trasciende, no importa la idea que tengamos de Dios y de cómo y cuándo nos hizo, la verdad espera ser descubierta sin importar las consecuencias.  Si hay vida allá afuera, la encontraremos o ella nos encontrará a nosotros.  Solo espero que seamos mejores como especie para saber afrontar el nuevo desafío cuando éste llegue.


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domingo, 22 de julio de 2012

Quién ganó la Carrera Espacial y que beneficios ha dejado a la Humanidad?


Muchos se refieren a la carrera espacial entre las superpotencias (Estados Unidos y Unión Soviética) de manera despectiva por el enorme costo económico que implico.  Sin embargo, está demostrado que la misma trajo grandes avances para la humanidad, lo cual explicaremos a continuación.

Primero, haremos una breve reseña para ver en qué consistió y, si la consideramos como tal, quien la gano.


Un poco de historia
La carrera espacial inicio  oficialmente el 1ro. de Octubre de 1957 cuando la Unión Soviética (URSS) lanzo el primer satélite al espacio.  Como la URSS y Estados Unidos eran las dos principales potencias económica y militar, eran rivales y desde hace años se encontraban de lleno en plena Guerra Fría.  Por tanto, la carrera armamentista en la que ya se encontraban (de la cual hablaremos después en otro artículo), se extrapolo a una rivalidad científica, tecnológica y cultural.


Sputnik, primer satèlite enviado al espacio (URSS, 1957)


Ambas naciones vieron en la exploración espacial una oportunidad de desarrollar nuevas tecnologías militares y de demostrar su superioridad ideológica.

Como la carrera espacial termino oficialmente en el año 1975, con la realización de la misión conjunta Apolo-Soyuz cuando naves tripuladas por ambos países se acoplaron y sus tripulantes realizaron experimentos compartiendo su tecnología y conocimientos, muchos concluyen que esa carrera fue ganada claramente por los norteamericanos. Repasemos los hechos y hagamos algunas conclusiones :

Cronología (1957-1975)
Fecha
Significancia
País
Nombre de la misión
R-7 SemyorkaSS-6 Sapwood
Satélite artificial (Terrestre)
URSS
Animal en órbita (perra Laika)
URSS
Detección de cinturones de Van Allen
Satélite artificial (Solar)
URSS
Fotografía de la Tierra desde el espacio
USA-NASA
Sonda a la Luna
URSS
Foto del lado oculto de la Luna
URSS
URSS
URSS
USA-NASA
URSS
Orbital rendezvous
USA-NASA
Sonda aterriza en otro planeta - Venus
URSS
Rendezvous en órbita y acoplamiento
USA-NASA
Órbita lunar tripulada
USA-NASA
USA-NASA
URSS
Satélite orbita otro planeta - Marte
USA-NASA
SKYLAB 1 Primer laboratorio orbital de los Estados Unidos. Su peso era de 85 toneladas.
USA-NASA
SKYLAB 2 Los astronautas Conrad, Kerwin y Weitz lanzados en un cohete tipo Apolo, abordan el Skylab y colocaron una especie de parasol sobre la parte dañada para hacer bajar la temperatura del laboratorio. Durante veintiocho días los astronautas vivieron en un espacio de 15 metros de largo por 6,4 metros de diámetro, haciendo observaciones de la Tierra y manejando el gran telescopio que permite la observación del Sol y las estrellas sin la difracción de la luz causada por la atmósfera. Regresaron a la Tierra en la nave Apolo.
USA-NASA
SKYLAB 3 Los astronautas Bean, Garriot y Lousma tuvieron que separar el vehículo Apolo que los había llevado a la estación espacial. La misión duró 59,5 días, estudió la Tierra y la Luna, así como las reacciones del organismo durante casi dos meses en un ambiente sin gravedad, realizándose también la caminata espacial de 6 horas y 31 minutos implantando nuevo record. A su regreso el 25 de septiembre, los astronautas se encontraban en excelentes condiciones físicas.
USA-NASA
Primera misión conjunta USA-URSS
URSS- USA


Yuri Gagarin, primer hombre en órbita (URSS, 1961)

Como podemos ver, durante esos 18 años, ambas superpotencias lograron grandes hitos.  Sin embargo, si somos objetivos, la URSS fue la que mas logros alcanzo en ese periodo:  Lanzamiento del primer satélite (Sputnik), de primer ser viviente en órbita (la perra Laika), primer ser humano en órbita (Yuri Gagarin), primera mujer en órbita (Valentina Tereshkova), primera caminata espacial (Alexei Leonov), primera estación espacial (Salyut), primera sonda espacial en otro planeta (Venera 3 en el planeta Venus).  Obviamente, no podemos subestimar el más importante logro de USA en ese periodo, que, por cierto, ha sido el que más capital propagandístico se le ha sacado en todos los tiempos :  Primer ser humano en la Luna (Neil Armstrong).  También hay que reconocer que USA logro mayores avances en esos años en las telecomunicaciones y el desarrollo de robots.


Neil Armstrong, primer hombre en la Luna (USA, 1969)


El fin de la carrera espacial también coincidió con la debacle económica de la URSS y su eventual disolución.  A partir de 1975 los soviéticos se concentraron en preparar cosmonautas para largas misiones en el espacio, por eso, todavía hoy todos los records de estancia en el espacio están en poder de ellos.  Nunca estuvieron realmente interesados en enviar seres humanos a la Luna, siempre se concentraron en preparar una misión al planeta más cercano:  Marte.  Y para lograrlo, como un viaje a Marte implicaba una misión ida y vuelta de más de un año, tenían que preparar cosmonautas con la capacidad de permanecer todo ese tiempo en el espacio.  Si finalmente hubiera sido posible enviar una misión a Marte en el año 1999 (como lo tenían planificado antes de la desaparición de la URSS), realmente solo los cosmonautas rusos tenían la experiencia en permanecer en el espacio más de 365 días.

Existe la Carrera Espacial hoy?
Cualquiera pensaría que, como a partir de 1989 los Estados Unidos son una superpotencia relativamente solitaria, ya no existe carrera espacial.  Nada más lejos de la verdad.  Aun con mucho menos recursos, la Federación Rusa continúa un importante programa espacial asociado a la nueva rival de la NASA :  La Agencia Espacial Europea (ESA). Actualmente desarrollan conjuntamente dos proyectos con el fin de llegar al 2030 a Marte :  Kliper y ACTS.  Ambos consisten en módulos reutilizables de bajo coste para misiones largas.  Por su lado, USA ha anunciado su propio proyecto para alcanzar al planeta rojo para la misma fecha:  Orión.  Aunque la administración de Barack Obama ha anunciado cambios y en lo adelante se llamara MPCV (Vehículo de Traslado Multipropósito). 


Cohete de la Agencia Espacial Europea (ESA)

Es una lástima que todo ese talento científico y recursos financieros no se concentren en un solo proyecto conjunto que permita alcanzar nuevos hitos en menos tiempo y mejor tecnología.  Hay que seguir de cerca al programa chino, japonés e hindú, quienes también han logrado mucha experiencia con sus propios programas espaciales.


Astronautas del programa espacial de China

Bajas de la Carrera Espacial
La carrera espacial desplegada por las potencias (tanto la primera entre URSS-USA como la que se desarrolla actualmente) ha ocasionado 22 muertes, de las cuales 17 ocurrieron en operaciones de la NASA y las otras 5 por el programa soviético.  Incluso en ese aspecto los rusos han demostrado ser más cuidadosos que los norteamericanos. Esta es la relación detallada de las bajas de la carrera espacial :

Año
Nacionalidad y Nombre
Misión
Apollo 1
Apollo 1
Soyuz 11
Soyuz 11
Challenger 51-L
Challenger 51-L
Challenger 51-L
Challenger 51-L
Challenger 51-L
Challenger 51-L
Challenger 51-L
Rick Husband (USA)
Columbia STS-107
Columbia STS-107
Kalpana Chawla (USA, nacido en India)
Columbia STS-107
Columbia STS-107
Laurel Clark (USA)
Columbia STS-107
Ilan Ramon (USA, nacido en Israel)
Columbia STS-107

Explosión del Challenger con 7 tripulantes a bordo

Ahora, ha servido de algo la carrera espacial?
Este es un ejercicio interesante.  Tanto dinero, tantas muertes, tanto esfuerzo, ha valido la pena?   Por supuesto que sí.  Gracias a la exploración espacial la humanidad ha dado un salto adelante en el desarrollo de nueva tecnología y conocimiento más profundo del Universo y nuestro entorno.

Aparte de los conocimientos adquiridos sobre las leyes que rigen el universo, la composición de los planetas vecinos y sus satélites, la identificación de nuevas fuentes de extracción de materias primas y de alternativas de colonización ante un eventual agotamiento de los recursos naturales de nuestro planeta, la carrera espacial ha permitido el descubrimiento, desarrollo y masificación de nueva tecnología que ha permitido a la humanidad de avances en los últimos 50 años a un ritmo insospechado en épocas anteriores.  A continuación presentamos algunos ejemplos de tecnologías que se han desarrollado gracias a la exploración espacial :

Angioplastia Laser
Marcapasos cardiacos
Termómetros infrarrojos
Video termosensible
Sistema de Mapeo Ocular
Sillas de ruedas eléctricas
Analizadores de Sangre
Sistemas anti incendio
Rayos laser
Fotografía satelital
Monitoreo climático
Pintura y materiales anticorrosivos
Energía solar
Comunicación inalámbrica
Filtros de agua
Realidad Virtual
Laptops
Neumáticos de bicicleta
Chalecos antibalas
Pañales
Sartenes
Velcro
Leche en polvo
Microondas
Adhesivos
Rodilleras
Botas y guantes térmicos
Bolígrafo
Crisol de cerámica
Gafas de sol
Termómetro sin mercurio
Plásticos
Celulares
Baterías de litio
Detectores de humo
Bolsas herméticas
Alimentos precocidos
Tomografía Axial Computarizada
Microchip
Materiales aislantes
Joystick
Espuma con memoria
Televisión vía satélite
Cristales antirayado
Trajes de baño
GPS
Códigos de barra
Unidades de Cuidado Intensivo

La lista es mucho más larga, pero esta es una muestra mucho más que suficiente para ver que el mundo como lo conocemos hoy se debe mucho a la tecnología espacial.  Tecnología que no hubiera sido desarrollada en menos de 50 años si no fuera por la carrera espacial.  Sin dudas la hubiéramos desarrollado, pero muchos años después.

El ser humano está compuesto por las mismas moléculas que componen el resto del universo, que ha adquirido consciencia y con ella, la necesidad de conocer su entorno y seguir alimentándose de él.  Sigamos apoyando estos esfuerzos por expandir el conocimiento y reconocer que nosotros y nuestro planeta somos solo un pequeño punto en el espacio y que hay mucho, pero mucho más por conocer y que todo lo que ha sido escrito por los hombres hasta esta fecha es solo una muestra insignificante de todo lo que falta por aprender.