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Protestas en Chile: Algunas claves para entender sus causas y consecuencias

En las últimas décadas, Chile ha sido para Latinoamérica un referente de éxito, tanto en lo económico como en lo político y social....

lunes, 4 de noviembre de 2019

Protestas en Chile: Algunas claves para entender sus causas y consecuencias



En las últimas décadas, Chile ha sido para Latinoamérica un referente de éxito, tanto en lo económico como en lo político y social. Las protestas masivas que se han escenificado tanto en Santiago, su capital, como en el resto del país, han sacudido en sus cimientos tanto a la sociedad como al propio Estado y al empresariado. Aunque iniciaron con el anuncio del incremento de la tarifa del Metro de Santiago, el cual tuvo que ser revertido, los reclamos de los manifestantes se multiplicaron, exigiendo de una buena vez el pago de deudas sociales arrastradas por años.

Es como si una hermosa fachada, delicadamente adornada y erigida para presentarse como una verdadera maravilla arquitectónica, se descascarara pedazo por pedazo y dejara al descubierto una mal tramada estructura, llena de vicios de construcción, que aparenta no aguantar mucho tiempo más antes de venirse abajo.

Pero, ¿qué paso? ¿Adónde fue a parar ese paraíso terrenal, ese “oasis” de prosperidad que según los organismos internacionales existía en medio del desierto latinoamericano?

Primero, repasemos dónde estaba Chile hasta hace unos meses según sus mejores indicadores en los rankings internacionales:

Mejores indicadores internacionales de Chile
Indicador
Fuente
Año
Valor
Ranking Mundial
Ranking Latinoamérica
Producto Interno Bruto
Banco Mundial
2018
US$298 billones
42
6
PIB per cápita
Banco Mundial
2018
US$15,923
70
2
Índice de Desarrollo Humano
PNUD
2018
0.843
44
1
Competitividad
WEF
2018
70.5
33
1
Percepción de Corrupción
Transparencia Internacional
2018
67
27
2
Gobierno Electrónico
Naciones Unidas
2018
0.7350
42
2
Penetración Internet
UIT
2018
82.33
38
1
Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial, PUND, WEF, Transparencia Internacional, Naciones Unidas y UIT

A simple vista, Chile ha sido una de las naciones más exitosas en la implementación de sus políticas públicas: 1er lugar en Latinoamérica en el Índice de Desarrollo Humano, Competitividad y Penetración del Internet; 2do lugar en PIB per cápita, percepción de corrupción y desarrollo del Gobierno Electrónico. A nivel mundial su posicionamiento se encuentra entre las naciones más aventajadas en estos indicadores.

Eso nos lleva a la pregunta clave: ¿si Chile estaba tan bien aparentemente, porqué el país estalló?

La otra cara de la moneda
Aunque las claves de este análisis estaban ahí, a la vista de todos, hubo que esperar que se combinaran los ingredientes necesarios, en el momento indicado, para que se formara la tormenta perfecta. Es como si “La Moneda” tuviera otra cara, una a la que nadie quería poner atención.

Y es que en términos de políticas económicas, Chile había implementado un modelo neoliberal, fórmula que hace más de una década fracasó en la región, aunque sin embargo desde la época de la dictadura de Augusto Pinochet había redituado logros económicos ostensibles, como es el caso de la reducción sostenida de la pobreza extrema y del desempleo, pero basada en una creciente privatización de la economía y concentración de riqueza en solo un sector de la población.

Estas grandes distorsiones estructurales en la sociedad y economía chilenas se fueron acumulando con los años. Veamos:
  • Coeficiente de Gini: Este mide el nivel de desigualdad de los ingresos en los distintos estratos sociales. Se mide del 0 al 1, donde 0 es total igualdad y 1 significa total desigualdad de ingresos. Según el Banco Mundial, Chile se encuentra en la posición 139 del mundo en materia de desigualdad de ingresos y 9no lugar en Latinoamérica, donde el 10% más pobre de la población recibe el 1.7% de los ingresos totales del país y el 10% más rico recibe el 41.5%. Esto significa que el decil más rico recibe un 2441% más ingresos que el decil más pobre. Según la OCDE, organización que agrupa a las 36 economías más grandes del mundo, Chile es el país más desigual de ese grupo, después de México.
  • Costo de la vida: Santiago de Chile está entre las 50 ciudades capitales más caras del mundo y la 4ta más cara de Latinoamérica, según el portal especializado Expatistan Cost of Living[1]. Según WageIndicator.org[2], dedicado a analizar el salario real de la clase trabajadora en todos los países del mundo, el salario mínimo en Chile era a septiembre 2019 unos $301,000 pesos chilenos (US$418), mientras que el salario de un trabajador dedicado a oficios de baja remuneración promediaba los $325,000 (US$451). Según la misma fuente, para esa misma fecha el salario “digno” que debe ganar un adulto que viva solo ronda los $333,000 (US$462), con los cuales podría sufragar los gastos básicos de alimentación, vivienda, transporte y salud, con lo que solamente le restarían unos exiguos US$83 para gastos de educación, vestimenta y entretenimiento. Si como reporta el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, cerca del 50% de la población gana menos de US$550, entonces debemos concluir que una gran parte de los chilenos tienen dificultades para llegar a fin de mes, especialmente los que tienen familias con niños.
  • Altos precios del transporte: El Metro de Santiago es uno de los transportes subterráneos más modernos de Latinoamérica, transportando a más de 2.6 millones de personas diariamente, el equivalente a casi la mitad de la población de esa metrópolis (5.6 millones de habitantes). Sin embargo, como publicó recientemente la Universidad Diego Portales[3], Chile está entre los 10 países donde la población más gasta en transporte con relación a su ingreso medio. Si la comparación se realiza con los países de la OCDE, entonces Chile ocupa el 2do peor lugar. Si comparamos la tarifa básica de los distintos sistemas de metro latinoamericanos, comprobamos que el de Santiago de Chile es el más costoso:


Tarifa básica del Metro en países de Latinoamérica
CIUDAD
PAIS
PRECIO US$
Santiago
Chile
1.100
Sao Paulo
Brasil
1.000
Medellín
Colombia
0.700
Lima
Perú
0.450
Santo Domingo
República Dominicana
0.400
Ciudad de Panamá
Panamá
0.350
Buenos Aires
Argentina
0.280
Ciudad de México
México
0.250
Caracas
Venezuela
0.002
Otros países
Londres
Reino Unido
6.320
Estocolmo
Suecia
4.600
Copenhague
Dinamarca
3.700
New York
Estados Unidos
2.750
París
Francia
2.000
Madrid
España
1.750
Fuente: Elaboración propia, tomado de los portales de los distintos sistemas de metro
·       
  •      Encarecimiento de la vivienda: Según el estudio Relevamiento Inmobiliario en América Latina (RIAL)[4], elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, a septiembre 2019 el precio por metro cuadrado en Santiago de Chile es el más caro de toda la región, haciendo cada vez más difícil a los ciudadanos el acceso a una vivienda digna:
  •      Costo del Agua Potable: A pesar de que Chile es el 4to mayor productor de agua potable en Latinoamérica (extrae 35.4 millones de metros cúbicos de agua según la FAO[5]) y el mayor productor de agua por habitante en la región (2 147 metros cúbicos por habitante), su producción y distribución está completamente en manos privadas y el importe de la tarifa del agua a nivel residencial es por consiguiente bastante elevado. En el 2018, la Fundación Aquae publicó un estudio[6] con la tarifa residencial para 100 m3 de agua en 236 ciudades de todo el mundo. De las 10 ciudades latinoamericanas donde el agua es más cara, 7 pertenecen a Chile, donde encontramos a la ciudad de La Serena con un costo promedio de US$346 por cada 100 m3 de agua, que es una tarifa más alta que la pagada en Los Ángeles (Estados Unidos) y en Barcelona (España). En otras palabras, una tarifa de primer mundo en una nación que todavía está en vías de desarrollo.
  •    Sistema de pensiones: A pesar de estar catalogado como uno de los mejores sistemas previsionales del mundo, según el Índice Mundial de Pensiones de Mercer 2019[7], analistas políticos afirman[8] que el modelo, que también está privatizado, es altamente inefectivo, ya que el 80% de los jubilados por el sistema no ganan siquiera el salario mínimo (cuando en teoría debía asegurar al menos el 70% del promedio salarial de los últimos 5 años al momento de salirle la pensión). En un país cuya población cada vez está más envejecida (edad media de 37.8, solo superado en la región por Cuba, Argentina, Uruguay y Perú[9]), donde el 28.3% de los hombres y 30.4% de las mujeres tienen más de 30 años, simplemente es preocupante.
  •    Costos de los medicamentos: Según diversos estudios especializados, el precio de los medicamentos en Chile, especialmente los de marca, son mucho más caros que sus vecinos de la región. En un estudio realizado por la empresa internacional consultora en temas de salud IQVIA[10], reveló que Chile es el país de la OCDE que menos reembolsa los medicamentos de marca en su sistema de seguridad social, alrededor de un 6%, cuando el promedio en la OCDE es del 70%. Esta circunstancia dificulta todavía más la vida de la clase media y baja chilenas.

Otras consideraciones
Por supuesto, la carestía de la canasta familiar, transporte, vivienda y medicamentos, no es un problema exclusivo de Chile. De hecho, está presente en la mayoría de las naciones latinoamericanas. Por tanto, debe haber otros factores subyacentes que expliquen porque un país, con tan impresionantes números macroeconómicos, literalmente explote socialmente cual olla de presión.

Según nuestro análisis, en Chile se presentan varias circunstancias que, ante las distorsiones sociales acumuladas por décadas, favorecen la reacción airada del pueblo en las calles:
  • País de clase media: Según un estudio realizado el año pasado por la Asociación de Investigadores de Mercado (AIM), alrededor del 50% de la población chilena se denomina clase media (C1, C2, C3). Esta clase social se caracteriza por encontrarse en permanente tensión en naciones en desarrollo, lo que tiende a convertirse en incertidumbre cuando las cosas empiezan a salir mal (como cuando caen los precios internacionales del cobre): Por un lado, el temor a perder poder adquisitivo y retroceder a la clase baja, y por otro perseguir a la clase alta que no hace más que concentrar cada vez mayores ingresos en una sociedad tan desigual. Por tanto, una clase media extendida en situación de vulnerabilidad (como el caso chileno) siempre será caldo de cultivo para manifestaciones sociales a gran escala.
  • Adopción tecnológica y participación electrónica: Chile se encuentra en primer lugar en Latinoamérica en penetración del Internet, con un 82.33% de la población conectada a la red de redes. Eso implica una alta participación electrónica con una ciudadanía empoderada de la tecnología y aprovechándola para acceder a información, compartirla y hacerla suya. Según avalan varios estudios realizados se demuestra que, a mayor participación electrónica (esto es, uso de redes sociales, acceso a información pública, servicios en línea, etc.), la ciudadanía es más crítica e interesada en la cosa pública[11]. En otras palabras, en la medida en que las personas están mejor informadas, tienden a ejercer con mayor plenitud el control social.
  • Nivel educativo: Según Naciones Unidas, en su Índice de Capital Humano 2018, Chile está en 2do lugar en la región por el alto nivel de escolaridad y alfabetización de su población, solo detrás de Argentina. Esa característica convierte al pueblo chileno en uno con mayor capacidad de identificar políticas demagógicas o medidas que procuran distraerlo. 

Como el modelo económico implementado en Chile data desde la época de la dictadura de Augusto Pinochet, estamos hablando de más de 30 años y de todo el sistema político involucrado con las prácticas neoliberales que acumularon tanta desigualdad y descontento. No estamos seguros de qué exactamente pasará, lo que sí sabemos es que ya las cosas no volverán a ser igual. Esta sacudida ha estremecido las cimientes de la sociedad y provocará un necesario cambio en la forma de distribuir la riqueza.

En fin, el caso de Chile es un espejo en el que todos los países latinoamericanos debemos mirarnos. Todo apunta a que se confirma una vez más que, no solo basta con lograr buenos indicadores macroeconómicos (que son importantes), si esta bonanza y crecimiento de la economía solamente se traduce en clases altas cada vez más ricas con escasa movilidad social desde las clases más bajas, entonces nos encontraremos en serios problemas a la vuelta de la esquina.

Pero si amén de esa desigualdad nos encontramos con una clase media bajo presión siendo mayoría y al mismo tiempo bien informada de lo que está ocurriendo dentro y fuera del país, pues la bandeja está servida para una explosión social. Solo habría que esperar que caiga la gota que rebose el vaso. Un pequeño, pero reiterado, aumento en la tarifa del principal medio de transporte público o una desafortunada e indolente declaración de un funcionario público. Sírvase usted, con cualquiera de las dos se enciende la mecha.





[11] Los estudios de Lizardo Galvá (Gobierno electrónico y percepción sobre la corrupción. Un estudio comparativo sobre su relación en los países de Latinoamérica, 2018) y Rainie and Purcell (How the Public Perceives Community Information Systems, 2011), apuntan en esa dirección.


domingo, 20 de octubre de 2019

La Nueva Ruta de Seda y el nuevo rol hegemónico de la República Popular China



También conocida como Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative - BRI), la Nueva Ruta de Seda (NRS) es el proyecto político-económico con el que la República Popular China, bajo la dirección de su presidente Xi Xinping, pretende restaurar la antigua Ruta de Seda y crear una paralela por la vía marítima, para desarrollar el intercambio económico y cultural entre las naciones euroasiáticas y, en su versión más extendida, incluirá a África y Latinoamérica.

Pero primero hagamos un poco de historia y veamos qué fue la Ruta de Seda.

Ruta de Seda en la Antigüedad
Se les denominaba así a las rutas comerciales que desde el siglo I a.C. se extendía desde China hasta Mongolia, India, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África. Las diversas rutas iniciaban desde la actual ciudad de Xi´an, pasando por Karakórum (Mongolia), Khunjerab y Taxila (Pakistán), Susa (Persia), Fergana (Tayikistán), Samarcanda (Ubekistán), Antioquía y Constantinopla (Turquía), Kazán (Rusia) hasta los reinos de España. También llegaba hasta Somalia y Etiopía en África oriental.
Ruta de la Seda en la Antigüedad

El término se le adjudica a Ferdinand Freiherr von Richthofen, geógrafo alemán que en 1877 la denominó así por el principal producto comercializado, la seda china, cuya producción era un real secreto industrial de la antigua China y muy apreciado en esos mercados. La sociedad romana era una gran aficionada a este producto, especialmente las mujeres de la aristocracia.

En esta ruta también eran intercambiados otros tipos de productos, tales como: piedras preciosas (diamantes, rubíes, jade, perlas), lino, ámbar, marfil, especias, porcelana, etc.

La seda llegó a ser tan popular en la clase alta romana, que incluso se convirtió en algún momento en símbolo de la decadencia de la sociedad, como refería Séneca el Joven: “Veo ropas de seda, materiales que no ocultan el cuerpo, ni siquiera la propia decencia, se puede llamar ropa?...”[1].

Se dice que ya en la época medieval dos monjes cristianos descubrieron cómo se producía la seda y que, mediante espías enviados a China para robar los huevos de los gusanos de seda, lograron producir seda en el Mediterráneo a partir del año 552 d.C. para el emperador bizantino Justiniano. A partir de entonces empezó a proliferar la producción de seda en Europa, aunque de menor calidad que la china.

No es hasta el siglo XIII que un europeo recorre la Ruta de Seda, Marco Polo, y gracias a sus relatos[2] se descubrieron los detalles y rica cultura de los pueblos que encontró a su paso hasta llegar a China, en aquella época bajo dominio del Imperio Mongol.
Marco Polo, el comerciante veneciano que recorrió la Ruta de la Seda, y su libro

La Ruta de Seda empezó a desaparecer con la caída de ese imperio, con el consecuente surgimiento de rebeliones y nuevas naciones, ya con la proliferación de la pólvora. El surgimiento de nuevas rutas marítimas, mucho más seguras y en menor tiempo, inicialmente protagonizadas por los portugueses, terminó de sellar la ruta terrestre.

La Nueva Ruta de Seda
La Nueva Ruta de Seda (NRS), anunciada por China en septiembre 2013, prevé la inversión de 1 trillón de dólares antes del 2030 donde impactará a 60[3] naciones del mundo, donde convive el 70% de la población mundial, el 75% de las reservas energéticas mundiales y generaría el 55% del PIB global.

Desde el año 2016 ha incorporado a numerosas naciones donde se han iniciado proyectos ambiciosos: Egipto (US$13,500 millones), Liga Árabe (US$55,000 millones), Irán (US$600.000 millones), entre otros.
Nueva Ruta de la Seda Fuente: BAE Negocios

La estrategia implicó la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB por sus siglas en inglés), entre otros mecanismos de financiamiento, para dotar de fondos a innumerables proyectos de infraestructura (carreteras, líneas de ferrocarril, puertos, etc.).

Según señala la OCDE[4], Conceptualmente el NRS pretende enfrentar la enorme brecha de infraestructuras que existe en el mundo, lo cual limita la expansión del comercio e intercambio económico y cultural. Por tal razón, la iniciativa incluye desarrollar en los países adscritos:

  • Mejorar infraestructuras de comunicación (carreteras, puertos, ferrocarriles, redes troncales de fibra óptica, etc.)
  • Desarrollar zonas de libre comercio
  • Habilitar mecanismos de financiamiento para obras de desarrollo
  • Desarrollar la explotación de recursos naturales, así como su procesamiento y conversión
  • Modernizar las redes de transporte: autovías, vías férreas, rutas marítimas, rutas aéreas y cadenas logísticas
  • Profundizar el intercambio cultura en el ámbito de educación, deportes, ciencia, tecnología, turismo, protección ambiental, salud y medicina tradicional china.

Los primeros 6 corredores económicos terrestres del NRS son:

  • Nuevo Puente Terrestre de Eurasia: Será una vía férrea que enlazará a Europa con Asia a través de Polonia, Bielorrusia, Rusia y Kazajistán
  • Corredor Económico China-Mongolia-Rusia: A través de enlaces ferroviarios y carreteras en la estepa, enlazará con el Puente Terrestre
  • Corredor Económico China-Asia Central-Asia Occidental: Enlazará a Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Irán y Turquía
  • Corredor Económico China-Península Indochina: Enlazando a Vietnam, Tailandia, Laos, Camboya, Myanmar y Malasia
  • Corredor Económico China-Pakistán: Este proyecto enlazará la ciudad de Kasgar, región sin acceso fluvial o mar y que disfruta de libre comercio, con el puerto marítimo de Gwadar en Pakistán
  • Corredor Económico China-Bangladesh-India-Myanmar: Que enlazará a estos países, aunque por temas de seguridad podría tomar un poco más de tiempo
Khorgos en Kazajistán, será el mayor puerto seco del mundo


Estrategia geopolítica de China
La NRS se articula perfectamente con la iniciativa Made in China 2025, lanzada en 2015, que aspira impulsar las capacidades de la industria china para pasar de ser la “factoría del mundo” (producción barata, baja calidad y mano de obra barata) a producir con alta calidad y alto valor agregado.

Obviamente, la NRS no tiene una motivación meramente económica. También implícitamente incluye un replanteo del Orden Mundial imperante en el que China intenta colocarse en el centro.
Multipuerto Doraleh, Djibouti en África Oriental

Busca estrechar los lazos de China con sus vecinos geográficos y potenciar su incidencia en el escenario económico y geopolítico global, desarrollando de paso la capacidad económica de sus asociados. Esto incluye potenciar el desarrollo tecnológico de estos países ante el avance de la 4ta Revolución Industrial y la importancia cada vez mayor que cobra la conectividad de banda ancha.

Muchos analistas occidentales han catalogado la NRS o BRI (Belt and Road Initiative) como el nuevo Plan Marshall[5] al estilo chino. Por supuesto, China ha aclarado que ambas iniciativas no se parecen dado que el Plan Marshall tenía unas condiciones muy diferentes, con un componente fortalecimiento de la infraestructura militar de los beneficiados (con miras a crear eventualmente la OTAN) que está ausente en la NRS.

Latinoamérica, China y la NRS
Desde 1960, América Latina ha empezado a reconocer a la República Popular China como única representante de la nación china, siendo Cuba la primera en hacerlo. Las últimas naciones latinoamericanas que han roto sus relaciones diplomáticas con Taiwán para establecerlas con la República Popular China fueron Panamá (2017), El Salvador y República Dominicana (2018).
Estas son las naciones que han firmado proyectos con China en el marco de la NRS o BRI:

  • Bolivia
  • Chile
  • Costa Rica
  • Cuba
  • República Dominicana
  • Ecuador
  • El Salvador
  • Panamá
  • Venezuela
  • Uruguay

Entre los proyectos latinoamericanos más destacables en el NRS están:
  • Ecuador: Reconstrucción del Aeropuerto Eloy Alfaro, con un aporte de US$20.7 millón de China, y varias autovías y puentes, lo cuales fueron afectados por un terremoto en 2016
  • Panamá: Línea de tren que conectará a Ciudad de Panamá con la ciudad de David a un costo inicial de US$5,500 millones
  • Perú: Línea férrea interoceánica entre Brasil-Perú y Bolivia con costo estimado de US$60 billones
  • Bolivia: Varias carreteras, una planta de acero y la explotación de las minas de litio son los principales proyectos que se llevarán a cabo con los chinos
  • Venezuela: Entre los principales proyectos en curso, están la planta termoeléctrica de La Cabrera y la planta energética El Vigía.
Ruta del  tren Ciudad de Panamá-David

Igualmente, en otras naciones latinoamericanas están en proceso de formulación varios proyectos relevantes que, en el marco del BRI, serán anunciados oportunamente.

Todo parece indicar que, tal y como se había previsto hace una década, un Nuevo Orden Mundial se está configurando. El Belt and Road Initiative es solo uno de los ejemplos del nuevo curso. El BRI o Nueva Ruta de Seda es una gran oportunidad para que los países en vías de desarrollo puedan avanzar y desarrollarse de manera inclusiva y sostenible, tal y como infiere la CEPAL[6].

El éxito de esta iniciativa se centra en que es, en esencia, una cooperación Sur-Sur, donde países en desarrollo cooperan entre sí[7], sin los sesgos que supone la cooperación condicionada entre países desarrollados y países en vías de desarrollo.

En el caso de nuestra región, el descuido de Estados Unidos a los países latinoamericanos está alentando su búsqueda de nuevos socios y mercados, lo cual se traduce en nuevas adhesiones al BRI, que brinda grandes oportunidades para cerrar brechas infraestructurales y expandir las exportaciones en el mediano plazo.

No es un tema ideológico, hace años que eso dejó de tener importancia. Es un tema de supervivencia económica en un mundo globalizado.





[1] Lucio Anneo Séneca, llamado Séneca el Joven, en su obra “Declamaciones”, Vol. I
[2] Marco Polo, “Los Viajes de Marco Polo”, publicado en 1300
[3] 60 naciones era el alcance original, actualmente son más de 100 países que se han adscrito.
[5] El Plan Marshall fue un plan económico impulsado en 1947 por Estados Unidos para reconstruir a Europa Occidental después de la 2da Guerra Mundial.
[7] Aunque la República Popular China es la 2da economía del planeta, según la mayoría de los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, PNUD), China es un país en vías de desarrollo, tanto por su ingreso per cápita (US$9600 al 2018) como por su Índice de Desarrollo Humano (0.752 al 2017).