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domingo, 26 de noviembre de 2017

Obras anónimas y seudónimas: Cuando grandes autores no quieren ser reconocidos


A través del tiempo muchos autores de obras literarias, pinturas o esculturas, han optado por no revelar su verdadero nombre, escudándose en un seudónimo, o simplemente, dando a conocer su creación bajo el absoluto anonimato.  

Muchos artistas se escondían (y todavía lo hacen) detrás de un alias o seudónimo por estrategia mercadológica, razones de seguridad, privacidad o libertad personal y sencillamente por causas muy personales.  En el caso del anonimato, regularmente los autores recurrían a él porque revelar su identidad podía desencadenar persecución o represalias, sea por razones políticas, sociales o religiosas. Por supuesto, muchos casos de obras anónimas ocurrieron porque los nombres de sus verdaderos autores se perdieron en la niebla del tiempo o fallecieron antes de reclamar su autoría.

Es importante aclarar que hubo épocas en el pasado en que era casi normal que las obras artísticas fueran anónimas, dado que según el contexto cultural o religioso el rol del autor carecía de importancia ante el valor de la pieza. Por ejemplo, dado que en le época medieval la mayor parte de la producción artística era dedicada a temas religioso, era muy común que la identidad del autor no fuera revelada. Simplemente no existía la noción de autoría.

A continuación conoceremos los casos más relevantes.

Seudónimos
En la mayoría de los casos en que artistas decidieron publicar su obra con un nombre falso, eventualmente se revelaba la identidad, porque la necesidad de inventar ese alter ego era de mas bien naturaleza coyuntural.
Gabriela Mistral

Tal es el caso de Gabriela Mistral, la chilena Premio Nobel de Literatura de 1945, quien en realidad se llamaba Lucila Godoy Alcayaga y que adoptó ese alias en honor a sus dos poetas favoritos: Gabriele D´Annunzio y Frederic Mistral. Lo utilizó desde el primer concurso de literatura que participó en 1914.
Pablo Neruda

Otro caso chileno es el de Pablo Neruda, también Premio Nobel de Literatura de 1971, quien utilizaba ese nombre falso (se llamaba en realidad Ricardo Neftalí Reyes) para no molestar a su padre quien no aprobaba que su hijo fuera poeta.
Mark Twain

Mark Twain fue otro grande de la literatura norteamericana quien en realidad se llamaba Samuel Clemens, pero que optó por publicar bajo ese nombre, que era la expresión que exclamaban los trabajadores negros de los vapores de ruedas (riverboats) del río Misisipi para indicar que el río tenía el calado necesario para no encallar. Clemens durante varios años fue piloto de riverboats.
Stendhal
Voltaire













Está el caso de los autores franceses Stendhal, autor de Rojo y Negro, y Voltaire, autor de Cándido, quienes se llamaban realmente, respectivamente, Henri Beyle y Francois Marie Arouet. El primero lo hizo para evitar utilizar el apellido de su padre, a quien odiaba, y el segundo para evitar que su padre cumpliera su palabra de no verlo nunca más si se atrevía a publicar con su apellido.
George Sand vestida de hombre

Icónico es el caso de Amantine Aurore Lucile Dupin, escritora francesa que decidió adoptar el seudónimo masculino de George Sand, con el que es mundialmente conocida, como una estrategia para evadir las interdicciones que la sociedad les imponía a las mujeres de la época.
Romain Gary

No podemos dejar de mencionar el curioso caso del francés Romain Gary, quien en 1954 ganó el  prestigioso Premio Goncourt, pero se cansó de la incesante crítica que lo acusaba de ser un escritor reaccionario y trasnochado. Entonces empezó a publicar con un alter ego llamado Emile Ajar, quien en pocos años logró fama y prestigio hasta el punto de que ganó nuevamente el Goncourt en 1975, lo cual planteó un problema legal al descubrirse su identidad, ya que dicho premio solamente puede ser obtenido una vez en la vida. De esa forma Gary se burló de la alta cultura francesa, como era su deseo.

Obras maestras anónimas
Pero hasta nuestros días se conocen imponentes obras que por su trascendencia, majestuosidad, riqueza y/o creatividad se consideran clásicos cuyos autores siguen siendo desconocidos. Estas son las más famosas, por disciplina artística:

Literatura
Tablillas con el poema sumerio Gilgamesh

  • Poema de Gilgamesh: Es un relato epopéyico centrado en un personaje de la mitología sumeria. Fue escrito entre el año 2500 y 2000 a.C., por lo que es la obra literaria más antigua del mundo.
    Fragmento del poema Beowulf
  • Beowulf: Es un poema épico anglosajón posiblemente escrito en el siglo VIII y que cuenta las epopeyas del héroe Beowulf en tierras escandinavas. Se le considera el poema anglosajón más largo escrito jamás, porque cuenta con 3,182 versos.
    Manuscrito en árabe de Las Mil y Una Noches
  • Las Mil y Una Noches: Es una reconocida recopilación de cuentos del Medio Oriente compilada probablemente en el siglo IX en lengua árabe. Se cree que fue una traducción de una compilación persa más antigua llamada Mil Leyendas y otros investigadores piensan que su origen es más remoto proveniente de la India. Su principal personaje es Scheherazade, quien es la relatora de cada uno de los cuentos llenos de fantasía y aventuras. No fue sino hasta el siglo XIX (mil años después) que Occidente conoció la obra, de la cual se hicieron múltiples ediciones. En sus páginas cobran vida figuras como Aladino, Ali Babá y Simbad el marino.
    Fragmento del Cantar de Roldán
  • Cantar de Roldán: Es el poema épico más antiguo en lengua romance (francés antiguo) escrito alrededor del siglo XI y que cuenta las escaramuzas militares realizadas por el Conde Roldán, comandante de las fuerzas carolingias contra los ataques de los vascones (los precursores de los vascos) durante el siglo VIII.
    Fragmento de Carmina Burana
  • Carmina Burana: Colección de cánticos del siglo XII y XIII encontrados abandonados en la puerta del Monasterio de Benediktbeuem. El anonimato de su autoría seguro se debió a su alto contenido satírico contra la sociedad y clero de la era medieval. A pesar de su contenido considerado obsceno y irreverente, fue conservado por los monjes. Fue en el siglo XIX que fueron redescubiertos en dicha abadía y musicalizados por Carl Orff en 1937.
    Fragmento del Cantar del Mio Cid
  • Cantar de Mio Cid: Es un texto lírico de caballería que data del año 1200 y cuenta las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, legendario caballero protagonista de la Reconquista en España.
    Página del manuscrito Ciclo de la Vulgata
  • Ciclo de la Vulgata: Es una serie de cinco volúmenes escritos en prosa en Francia en el siglo XIII que relata la búsqueda del Santo Grial por parte de los Caballeros de la Mesa Redonda, así como el romance entre Lancelot y la reina Ginebra.
    Fragmento del manuscrito original de Sir Gawain y el Caballero Verde
  • Sir Gawain y el Caballero Verde: Es un romance métrico (relato extenso de ficción en prosa rítmica) del siglo XIV que se centra en el contexto de la leyenda artúrica.
    Páginas del indescifrable Manuscrito de Voynich
  • Manuscrito de Voynich: Es uno de los libros más enigmáticos del mundo, ilustrado con imágenes indescifrables, está escrito en un idioma desconocido. Según las pruebas de laboratorio, fue elaborado en el siglo XV. La mayoría de los expertos piensan que es un manual de botánica o de medicina natural. Su nombre proviene de un librero lituano que lo descubrió en 1912.
    Portada del Lazarillo de Tormes
  • Lazarillo de Tormes: Es la precursora de la novela picaresca que por su cruda denuncia de la decadente sociedad española  del siglo XVI probablemente motivaron a su autor a no revelar su nombre.

También se destacan otras obras anónimas como Amadis de Gaula, Cantar de los Nibelungos, Saga de Erik el Rojo y Edda Mayor que fueron obras medievales que tuvieron una gran trascendencia y cuyos autores todavía hoy permanecen ignotos.

Pintura
Bautismo de Cristo del Maestro E.S.

  • Bautismo de Cristo: Es un grabado del siglo XV atribuido a un grabador alemán anónimo que firmaba con un monograma, por lo que fue conocido en la posteridad como Maestro E.S. Se le han adjudicado 318 grabados.
    Margarita de Austria adorando a la Virgen
  • Díptico de Margarita de Austria adorando a la Virgen: Obra pictórica adjudicada a un pintor anónimo solamente identificado como Maestro de Brujas de 1499.
    Tríptico de la Catedral de Moulins
  • Tríptico de la Catedral de Moulins: Atribuido a un pintor solamente conocido como Maestro de Moulins. La misma fue elaborada a finales del siglo XV.
    Adoración de los Magos
  • Adoración de los Magos: Obra exhibida en el Museo del Prado que se le atribuye a un pintor flamenco anónimo que estuvo activo en Bruselas en el siglo XV.
    Alegoría de las Pasiones Humanas
  • Alegoría de las Pasiones Humanas: Pintura exhibida en el Museo de Bellas Artes de Budapest, es adjudicada al Maestro de Alcira que estuvo activo en la Comunidad Valenciana en el siglo XVI.
    Jardín del Paraíso
  • Jardín del Paraíso: Es una obra de principios del siglo XV en la que por primera vez se representan las plantas de forma realista. Se le atribuye a un desconocido pintor a quien se le ha llamado “Maestro del Alto Rin”.
    Anuncio de los Pastores
  • Anuncio de los Pastores: Obra pictórica del siglo XVII que se le atribuye a un pintor anónimo napolitano y que se exhibe en el Museo de Capodimonte. Al mismo autor se le atribuye otra obra llamada “Adoración de los Reyes”.
    Escenas de la vida de Santa Úrsula
  • Escenas de la vida de Santa Úrsula: Es un políptico pintado para el Convento de las Hermanas Negras de Brujas a finales del siglo XV por un pintor flamenco desconocido.
    Epifanía del Maestro de Messkirch
  • Epifanía: Pintura elaborada cerca de 1538 por un pintor alemán solamente conocido como Maestro de Messkirch, conocido así por los 18 retablos que produjo para la Iglesia de San Martín de esa demarcación.
    La Virgen con el Niño y el papagayo
  • La Virgen con el Niño y el papagayo: Obra del siglo XVI pintada por un pintor de Flandes conocido como Maestro del Papagayo, que trabajó principalmente en la ciudad de Amberes.


Por supuesto, esta es una simple muestra de obras pictóricas de alto valor artístico magistralmente elaboradas por pintores de diversas épocas que prefirieron mantenerse en el anonimato, pero cuya obra trascendió y se conservó.

Escultura
Tímpano de la Iglesia de Cabestany

  • Tímpano de la Iglesia de Cabestany: Es un relieve de temática asuncionista atribuido al Maestro de Cabestany, que en el siglo XII ejerció enorme influencia a pesar de desconocerse su nombre. Aparentemente fue muy demandado y se han identificado obras escultóricas suyas en Francia, Italia y España.
    Pórtico de la Gloria, Catedral de Santiago de Compostela
  • Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela: Atribuido al Maestro Mateo, escultor y arquitecto de quien no se tiene mayor información, pero que se sabe que desarrolló su labor en los reinos cristianos medievales de la península Ibérica en el siglo XII.
    Ciclo de los Meses, Catedral de Ferrara
  • Ciclo de los Meses: Obra maestra del estilo románico-gótico, construida entre el siglo XII y XIII, atribuida a un escultor anónimo solamente conocido como Maestro de los Meses, en la Catedral de Ferrara, Italia.
    Tribuna de la Abadía de Serrabona
  • Tribuna de la Abadía de Serrabona: Es el elemento más ricamente decorado de esta abadía ubicada en el Rosellón francés y que es atribuida a un escultor anónimo solamente conocido como Maestro de Serrabona en el siglo XII.
    Altar de Wiener-Neustadt
  • Altar de Wiener-Neustadt: Construido en el siglo XV por un escultor alemán desconocido, se encuentra en la Catedral de San Esteban en Viena, Austria.
    Interior de la Catedral de Halle
  • Apóstoles de la Catedral de Halle: Esculpidos por un artista alemán en el siglo XIV.
    Interior de la Catedral de Paderborn
  • Apóstoles de la Catedral de Paderborn: Esculturas de otro artista alemán desconocido, del siglo XIII.
    Altar de la Catedral de Eichstatt
  • Altar de la Catedral de Eichstatt: Su impresionante altar fue construido por un escultor anónimo alemán en el siglo XV.
    Altar de Kefermarkt
  • Altar de Kefermarkt: Es considerada una de las obras escultóricas en madera más importantes del arte gótico. Fue esculpida en el siglo XV por un artista anónimo solamente conocido como Maestro de Kefermarkt.
    Capilla Mascoli en la Basílica de San Marcos
  • Altar de la Capilla Mascoli: Son ampliamente conocidas las piezas la Virgen, el Niño y los Santos en esta capilla de la Basílica de San Marcos, en Venecia, elaboradas por un artista solamente conocido como Maestro del Altar de Mascoli que estuvo activo en el siglo XV.


Esta es una lista no exhaustiva. Como podemos ver, al igual que en la pintura, la mayor parte de las obras escultóricas anónimas son de índole religiosa.

Con este artículo brindamos un tributo a todos aquellos grandes y virtuosos artistas que legaron a la posteridad invaluables obras manteniendo oculta su identidad, ya sea para evitar represalias o prejuicios, ya sea por la convicción de que ante su creación, el valor de su identidad es insignificante.




domingo, 19 de noviembre de 2017

Grandes rivalidades en la historia de la Ciencia y el Arte


El estereotipo de científico o artista consagrado es el de una persona con dones e intelecto superiores al resto de los mortales, colocados por el imaginario colectivo por encima de las incidencias y miserias que caracterizan el diario vivir del común de la gente.  Nada más falso.

Tal es el caso de notables rivalidades que involucraban a grandes personajes que hoy colocamos en el Olimpo intelectual, pero que protagonizaron encarnizadas enemistades que, muchas veces, llegaron al extremo, y en otras ocasiones, impulsaron su genio creador.  Veamos los diez casos más conocidos:

Salón de los Quinientos, Palacio Vecchio en Florencia
Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarrotti

Miguel Ángel y Leonardo da Vinci
Ambos pintores eran considerados en vida como los más importantes artistas plásticos de la Italia renacentista, aunque Leonardo le llevaba 23 años a Miguel Ángel Buonarrotti. Su rivalidad llegó al grado de que se insultaban mutuamente cuando se cruzaban en las calles de Florencia. Dicha enemistad probablemente se acentuó cuando ambos fueron contratados simultáneamente en 1503 para pintar cada uno un extremo de la Sala de los Quinientos en el Palacio Vecchio florentino.  Ambas obras, La batalla de Anghiari encargada a Leonardo y La batalla de Cascina encargada a Miguel Ángel, fueron abandonadas por sus autores en 1506 y curiosamente ambas también se perdieron para siempre. Podrán haberse adversado, cruzar a la acera de enfrente para no toparse en la calle, pero sin dudas fueron dos exponentes que sin ellos no hubiera existido Renacimiento.

Francisco Quevedo y Luis Góngora

Luis de Góngora y Francisco Quevedo
Los más importantes poetas del siglo XVII español, Luis de Góngora (máximo exponente del culteranismo) y Francisco Quevedo (cúspide del conceptismo), eran acérrimos enemigos. Todo empezó durante su estancia común en la Corte de Valladolid, donde Quevedo ganó fama parodiando los poemas de Góngora. La respuesta del cordobés no se hizo esperar y así nació una rivalidad que solo terminó con la muerte de Góngora en 1627. Incluso, en una ocasión Quevedo escribió “Untaré mis obras con tocino para que no me las muerdas”, con lo que sacaba a relucir el origen judío de Góngora. Hasta llegó a comprar la casa que Góngora perdió en deudas de juego, solo para darse el gusto de quemar sus libros. Con razón o sin ella, ambos autores llegaron a la cúspide de la producción literaria a pesar de (o quizás gracias a) sus incesantes y mutuos ataques.

Christopher Marlowe y William Shakespeare

William Shakespeare y Christopher Marlowe
La supuesta rivalidad entre los más importantes dramaturgos de la literatura inglesa, está mas bien amparada en mitos que en hechos concretos. Aunque nacieron el mismo año, Marlowe se destacó primero que Shakespeare y es a partir de su prematura muerte (a los 29 años por una confusa trifurca en un bar) en 1593 que curiosamente Shakespeare empieza a destacar con su obra. No son pocos los que afirman que Shakespeare nunca existió y en realidad fue un alias que el propio Marlowe utilizó después de simular su muerte.  Por si fuera poco, en el 2016 mediante herramientas de Big Data la Universidad de Oxford concluyó que algunas partes de la obra Enrique VI de Shakespeare fueron coescritas por Christopher Marlowe, lo que agrega algo de verosimilitud a las teorías conspirativas y arroja dudas sobre la alegada enemistad de ambos insignes dramaturgos. Verdad o ficción del personaje, la realidad es que William Shakespeare (con la ayuda de Marlowe) es la máxima expresión de la lengua inglesa.

Caravaggio
Giovanni Baglione




















Caravaggio y Giovanni Baglione
Sin dudas, Michelangelo Caravaggio es considerado el primer gran exponente del Barroco en la pintura. Entre sus primeros discípulos estuvo Giovanni Baglione, que también llegó a convertirse en su primer biógrafo. Sin embargo, tal vez producto de la envidia y con el fin de escalar en el competitivo mercado romano a costa de su maestro, Baglione se dedicó a desprestigiar a Caravaggio y su obra.  La enemistad llegó a su climax cuando en 1602 Caravaggio pinta la conocida obra “Amor Victorioso” o “Cupido”, que llegó a ser denostada por algunos (encabezados por Baglione) como escandalosa. Baglione respondió artísticamente con su propia versión, más ortodoxa, a la que llamó “Amor Divino”.  Paradójicamente ambas obras son exhibidas hoy una al lado de la otra en el Gemäldegalerie de Berlín. A pesar de los ataques de Baglione, tras la muerte de Caravaggio, su muerte lo único que hizo fue aumentar el prestigio e influencia de su obra.

Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri

Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri
Una de las rivalidades más conocidas en el ámbito artístico, fue la protagonizada por Mozart, el genio de Salzburgo, y Salieri, un connotado músico italiano establecido en la Corte de Viena y que llegó a ser profesor de futuras estrellas de la música clásica como Ludwig von Beethoven, Franz Schubert y Franz Liszt. Todo inició en 1790 cuando Mozart, en la cúspide de su carrera, acusó a Salieri, ya en decadencia, de haberlo plagiado y hasta de querer atentar contra su vida. Salieri siempre negó tales acusaciones, aunque las mismas le persiguieron hasta su muerte. A pesar de todo, fue uno de los pocos connotados músicos que asistieron al funeral de Mozart, que murió a destiempo en 1791 con solo 35 años de edad, dejando como legado una de las más prolíficas obras musicales de todos los tiempos. Esta rivalidad entre ambos personajes trascendió a nivel literario y musical, ya que, por ejemplo,  inspiró una obra poética de Alexander Pushkin y una ópera de Nikolai Rimski-Korsakov.

Vincent van Gogh y Paul Gauguin

Vincent van Gogh y Paul Gauguin
Dos de los más importantes pintores posimpresionistas modernos fueron grandes amigos que incluso trabajaron en el mismo taller. Con el tiempo su relación se fue deteriorando hasta el punto que la misma noche en que van Gogh se cortó la oreja, previamente había amenazado a Gauguin con una navaja de afeitar. El propio Gauguin entregó a Vincent a una institución psiquiátrica y se marchó para siempre.  Hoy día hay investigadores que plantean la hipótesis de que fue Gauguin quien accidentalmente cortó a van Gogh fruto de una trifulca. La verdad es que después de ese incidente el genio creador de ambos, por separado, llegó a su máxima expresión.

Alexander Graham Bell y Elisha Gray
Antonio Meucci











Alexander Graham Bell y Elisha Gray
Alrededor de la invención del teléfono hay una serie curiosidades y coincidencias que ponen en duda lo tradicionalmente establecido. Ocurre que en 1876 el mismo día, con apenas dos horas de diferencia, Alexander Graham Bell y Elisha Gray inscriben la patente del mismo invento, como muy pequeñas diferencias, algo prácticamente imposible. Se enfrascan en una batalla legal que finalmente gana Bell y lo convierte en millonario. Sin embargo, es conocido que en 1860 un italiano inmigrante llamado Antonio Meucci inventó un aparato al que le llamó “teletrófono”, llegando a hacer una demostración pública,  y que tenía todas las características del aparato presentado por Bell 16 años después. La cuestión es que Meucci era pobre y nunca pudo reunir el dinero necesario para inscribir su patente. Oficialmente, desde el año 2002, el Congreso de los Estados Unidos reconoció que Antonio Meucci, quien murió en la pobreza absoluta, fue el verdadero inventor del teléfono. Pareciera que Bell y Gray fueron dos rufianes que se enfrascaron en una lucha por atribuirse una idea que al final era robada a un tercero, o tal vez simplemente fueron grandes visionarios que rescataron una idea olvidada que podía transformar al mundo, como en efecto, lo hizo.

Nikolas Tesla y Thomas Edison

Nikolas Tesla y Thomas Edison
Los dos más célebres inventores de la era moderna se conocieron en 1884. Ya en esa época Edison era un próspero empresario de la industria eléctrica y Tesla era un joven inmigrante de Croacia (de origen serbio) que fue contratado por aquél gracias a una carta de recomendación de un amigo común. A pesar de lo ingenioso de Tesla y sus grandes aportes para hacer más eficiente la compañía de Edison, éste le pagaba una miseria por lo que el joven lo abandonó 2 años después. En poco tiempo Tesla se convirtió en el gran rival de Edison cuando en 1886 aprovechó el capital de George Westinghouse para desarrollar un modelo de generación eléctrica basado en corriente alterna, en contraposición con el modelo de corriente directa de Edison. A esa competencia económica y tecnológica se le conoció como la “guerra de las corrientes” en la década de 1880. Como sabemos, al final se impuso el modelo de Tesla, a pesar de los golpes bajos que le asestó Edison para desacreditarlo (como inventar la silla eléctrica a través de un testaferro para demostrar la peligrosidad de la corriente alterna).

Los hermanos Orville y Wilbur Wright
Samuel Pierpont Langley




















Los Hermanos Wright y Samuel Pierpont Langley
Estos pioneros norteamericanos de la aviación se enfrascaron en una lucha encarnizada por ser quien primero lograra volar en un aparato mas pesado que el aire. El primero en intentarlo, dos veces, el 7 y 8 de diciembre fue Langley, pero en ambas ocasiones su artefacto se estrelló en el agua (su diseño estaba basado en la acuatización) mientras que 10 días después los hermanos Wright lo logran exitosamente. El resto de la historia es conocida, los Wright mejoraron su diseño hasta que en el 1908 patentizaron el aeroplano. Langley tuvo que conformarse con la patente del bolómetro, instrumento para medir la radiación electromagnética.

Georges Lamaitre y Fred Hoyle

Fred Hoyle y Georges Lamaitre (junto a otros teóricos del Big Bang)
En 1927 el científico y sacerdote belga Georges Lamaitre revolucionaba el mundo científico con su teoría del “átomo primigenio”, en el cual planteaba que el universo se encontraba en constante expansión desde un momento inicial. Ese planteamiento ganó adeptos pero también muchos detractores, especialmente los que creían fielmente en el concepto de Estado Estacionario (curiosamente Albert Einstein fue uno de ellos, aunque después cambió de opinión). Su detractor más efusivo fue Fred Hoyle, un destacado astrónomo británico que llegó a hacer importantes aportes sobre la nuclesíntesis estelar y otros temas. Lo curioso del caso es que los defensores del universo en expansión no se habían puesto de acuerdo en el nombre definitivo de su teoría, hasta que el propio Hoyle en un programa radial de la BBC en 1949 trató de ridiculizar esa teoría planteando que era falsa la “hipótesis de que toda la materia del universo fue creada en un gran estallido (“big bang”)”. Fueron tantas veces que repitió despectivamente al término “Big Bang” que al final consiguió popularizarlo, a pesar de sus deseos.

Muchos otros casos podrían abundar los ejemplos sobre estas rivalidades que, en la mayoría de los casos, permitieron en su momento a estos insignes personajes entrar en una competencia que despertó su creatividad en su afán por destacarse del contrario.

Tal vez todos tenemos un talento especial o capacidad oculta que lo único que espera es a que aparezca quién nos desafíe lo suficiente como para hacerla surgir y florecer.