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¿Existe hoy la rusofobia o solo es propaganda rusa?

Reanudamos nuestros artículos sobre temas de actualidad, ahora con un tema que ha cobrado relevancia en los últimos años. Se le denomina r...

martes, 17 de marzo de 2026

¿Existe hoy la rusofobia o solo es propaganda rusa?



Reanudamos nuestros artículos sobre temas de actualidad, ahora con un tema que ha cobrado relevancia en los últimos años.

Se le denomina rusofobia al rechazo irracional a Rusia y su cultura, lo cual, donde se presenta, puede implicar la discriminación de personas de ese origen étnico.

Aunque ese término se ha utilizado más frecuentemente desde el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania en 2014 (cuando Moscú decidió invadir la península de Crimea, perteneciente hasta entonces a Ucrania), no menos cierto es que la rusofobia como fenómeno existe desde hace cientos de años.

Multitud en Crimea esperando resultados del referendum, tras la invasión rusa (2014)


La rusofobia en la historia

Aunque el fenómeno rusofóbico dista aún mucho de la aversión que han sufrido históricamente los judíos por el antisemitismo, causado este último principalmente por razones religiosas, ciertamente la rusofobia data del siglo XVI.

Imagen del zar Ivan "El Terrible"


Sucede que en 1537 el autoproclamado zar Iván “El Terrible” del Principado de Moscú conquistó Livonia (en la actual Letonia y Estonia) buscando una salida al Mar Báltico. La propaganda livona se dedicó a publicar en alemán planfetos que bautizando al zar Iván como Grozny o “El Terrible” dibujándolo como un príncipe cruel y tiránico junto a su ejército de “bárbaros”. Aunque mucho de lo que le acusaban nunca pudo ser del todo demostrado, los panfletos y la imagen barbárica de ese monarca sí perduraron en el tiempo.

Grabados europeos representando a los rusos como "salvajes"


En el siglo XVIII la Ilustración[1] se esforzó en diferenciar a la Europa “Occidental” de la “Oriental”, para destacar que la primera era “civilizada” mientras que la otra no, promoviendo desde ese momento la creación de estereotipos que perduran hasta nuestros días. Es en esas circunstancias que la zarina rusa Catalina II “La Grande”, invitó a Voltaire a finales de ese siglo para contribuir a la “europeización” de Rusia y, de esa forma, contrarrestar un poco la imagen de barbarie que tenía Occidente de su imperio.

Otro aspecto que reforzó la idea de una Rusia atrasada e incivilizada era el carácter transcontinental de su territorio, dado que la mayor parte de su geografía pertenecía a Asia, continente al cual los europeos tradicionalmente identificaban con crueldad, pobreza y atraso.

Ya en el siglo XIX sucedieron diversos acontecimientos que sirvieron para “demonizar” a los rusos. Está el caso de Napoleón Bonaparte, que en su afán expansionista puso los ojos en Rusia y patrocinó abundante propaganda antirusa para ganar apoyo. Uno de los textos más influyentes de esa época fue el planfleto titulado “De la politique et des progrès de la puissance russe”[2], que incluso fue utilizado más de 100 años después por Hitler para justificar su invasión a la Unión Soviética.

Pero, sin dudas, el personaje más influyente para propagar la rusofobia fue el diplomático y legislador británico David Urquhart quien con el tiempo se convirtió en un gran admirador de la cultura turca, a tal extremo que dedicó una gran parte de su vida a alarmar sobre la amenaza que representaba al mundo el Imperio Ruso, todo inicialmente provocado por la Guerra de Crimea que enfrentó al Imperio Ruso y Otomano por esa península, en la cual se encontraba la más importante base naval rusa desde los tiempos de Pedro El Grande en el siglo XVIII.

Caricatura británica de 1903 que ridiculizaba a los rusos


Es justo reconocer que, como contraposición a la rusofobia promovida desde los tiempos de la Ilustración, en Rusia nació un movimiento político y cultural llamado “paneslavismo”, una especie de nacionalismo que buscaba que Rusia “salvara” a los eslavos del mundo y al “verdadero cristianismo” (el ortodoxo).

Ya en el siglo XX, si bien es cierto que Occidente veía a la monarquía rusa como autárquica y despótica, cuando triunfa la Revolución Bolchevique todo lo ruso paso a ser sinónimo de anarquía y una amenaza al sistema político occidental. “Ruso” pasó a ser sinónimo de “comunista” y “Rusia” de Unión Soviética.

Imagen de la Rusia comunista


La Alemania Nazi, a los fines de justificar su campaña contra la Unión Soviética, empezaron a propagar el estereotipo de “judío bolchevique”, mezclando de esa forma su antisemitismo enfermizo con la rusofobia. De esa forma, así justificaron el trato despiadado que por igual daban a los judíos y a los “bolcheviques” que encerraban en sus campos de concentración (3 millones de soviéticos murieron en los campos de concentración alemanes solo en los primeros meses de invasión nazi, fueran o no judíos).

Propaganda nazi contra los "judíos-bolcheviques"


La Guerra Fría complicó aún más las cosas. Con el lanzamiento del Sputnik I en 1957, se desataba el pánico en todo Occidente, ya que se derrumbaba la imagen de que los bolcheviques eran despiadados, atrasados, poco inteligentes y para nada sofisticados. Simplemente pasaron los rusos a ser el centro del Eje del Mal.

También hay que señalar que la política interna de la Unión Soviética, ante el crisol de nacionalidades que la conformaban (ucranianos, lituanos, georgianos, armenios, turkmenos, kazajos, etc.), trató de imponer un estándar cultural soviético basado en Rusia. Esto generó muchos sentimientos antirrusos en sus poblaciones, lo cual era particularmente notorio en Lituania, Letonia, Estonia y Ucrania.

Manifestación en Letonia (2003) protestando contra restricciones del idioma ruso


También debe señalarse que el matemático y escritor soviético Ígor Shafarévich promovió mucho el término “rusofobia” a lo interno de su país, ya que defendía la tesis de que Rusia fue una gran víctima de la Revolución Bolchevique, la cual se dedicó a demonizar a lo ruso para promover las distintas nacionalidades minoritarias. Sin dudas, sus ideas fueron la semilla del ultranacionalismo ruso de hoy.

Desde el 2014, exacerbado por la invasión rusa a Ucrania en 2022, el creciente número de sanciones provocaron en cierta forma el aislamiento de la sociedad rusa, lo que, de alguna manera, ha fortalecido el nacionalismo ruso, promovido desde el poder por Vladimir Putin.

Ucrania y los países bálticos

Muchos años antes de la invasión de Ucrania en 2022 por parte de Rusia, ciertamente en varios países de Europa del Este se han tomado diversas medidas de índole rusófobo, las cuales han venido a complicar la relación entre esas naciones vecinas.

Entre los eventos acaecidos en las últimas décadas, podemos señalar:

  • En un intento por romper todo vínculo con la Federación Rusa, las repúblicas bálticas y Georgia se negaron en 1991 a formar parte de la Comunidad de Estados Independientes que se formó con las repúblicas que habían formado parte de la Unión Soviética
  • A partir de 1992 Estonia y Letonia aprobaron leyes de Ciudadanía que despojaban de nacionalidad estonia y letona al 25% de la población que solo hablaba ruso, además de establecer por ley limitaciones para el uso de ese idioma (En 2012 en Letonia los rusohablantes impulsaron un referéndum para convertir el ruso en idioma oficial, pero fue rechazado por el 75% de la población).
  • En 1999 Estonia entró a la OTAN, lo cual siempre fue considerado por Rusia como una “línea roja” por la amenaza que supone para sus fronteras.
  • La reubicación en Estonia del “Soldado de Bronce” de Tallin, durante el año 2007, desencadenó un conflicto diplomático y protestas de la minoría rusa estoniana, ya que representaba un símbolo de la victoria soviética sobre la Alemania Nazi. El conflicto escaló a tal nivel que a pocos días se realizó un ciberataque masivo contra Estonia desde servidores localizados en Rusia.
Protestas en 2007 por traslado del Monumento al Ejército Rojo en Estonia


Otras acciones contra los rusos

Con la excusa de la invasión rusa a Ucrania, diversos países (especialmente de la Unión Europea) y organizaciones internacionales han tomado medidas contra Rusia y sus ciudadanos que podrían parecer desproporcionadas. Veamos algunas:

  • Restricciones de visas para los ciudadanos rusos (sin importar si tienen o no algo que ver con el aparato estatal o militar ruso.
  • Confiscación de vehículos, aviones y embarcaciones a ciudadanos rusos (solo por su nacionalidad).
  • Suspensión de la cooperación científica con academias y científicos rusos, independientemente de que estén a favor o no de la guerra, y de que la cooperación científica se supone políticamente neutral.
  • Prohibición del Comité Olímpico Internacional (COI), Federación Internacional de Futbol (FIFA) y la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) de atletas rusos a participar en competencias internacionales bajo los colores de su bandera.

Llama especialmente la atención de que, si bien es cierto que Rusia invadió a Ucrania, un país reconocido por la ONU como soberano, medidas de retaliación similares no se han tomado contra otras potencias militares que también han invadido o agredido otras naciones soberanas en las últimas décadas, como es el caso de Estados Unidos (Venezuela, Irán, Irak, Afganistán, etc), Israel (Palestina, Líbano, Siria, Irán, etc), Arabia Saudita (Yemén), Reino Unido (Irak, Afganistán), Turquía (Irak y Siria), Francia (Malí), entre otros países agresores.

La Rusofobia como estrategia victimista

Pero el discurso antiruso tiene otra arista. La rusofobia, entendida como el miedo o aversión hacia Rusia, es utilizada estratégicamente por la propia Moscú para proyectar un victimismo que justifica acciones imperiales y moviliza apoyo interno. Por eso hay quienes alegan que la rusofobia como tal no existe y que no es más que propaganda rusa. El argumento esgrimido es que, al denunciar una supuesta hostilidad occidental constante, el Kremlin reformula su imagen y elude responsabilidades, consolidando la narrativa de estar "rodeado de enemigos". No podemos descartarlo de plano, ya que sería una estrategia muy parecida a la utilizada desde hace décadas por Israel con el “antisemitismo” para justificar sus agresiones contra sus vecinos árabes.

Vladimir Putin ha explotado al máximo el discurso rusofóbico

Muchos han señalado a Vladimir Putin como el principal promotor de esa filosofía, como forma de encubrir su supuesta agenda expansionista y consolidar su política interior, utilizándola como arma política.

Sea propaganda rusa o no, es indudablemente cierto que a través de los siglos los rusos han sido discriminados y atacados por Occidente. Tal vez sea por produce pavor la enormidad de su territorio, resiliencia de su gente y riqueza de su tierra y cultura. O tal vez por que en parte sea verdad de lo que se les acusa.

Lo que no podemos negar es que a través del tiempo Rusia ha sabido mantenerse en pie, a pesar de todos los que han intentado derribarla, una y otra vez. Quien no lo crea, solo debe irles a preguntar a Hitler y a Napoleón.

www.reysonl.blogspot.com

Sígueme en Twitter: @ReysonLizardo

 



[1] Movimiento cultural e intelectual europeo que predominó en Inglaterra, Francia y Alemania, impulsando grandes cambios políticos, culturales y sociales.

[2] De la política y el progreso de la pujanza rusa


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